El momento cumbre del Via Crucis Magno de la Fe se vivió en
la Santa Iglesia Catedral. Apenas unas horas antes de que las primeras imágenes
llegasen, el templo vivía una tierna tranquilidad. Un silencio bello y
desgarrador que pocas veces le acompaña en su caminar histórico.
La Reina de los Mártires abrió la puerta de entrada a una
tarde noche inolvidable para los mieles fieles, a la vez que afortunados, que
tuvieron la suerte de vivir un día grandioso desde dentro, en la Catedral. La
primera entrada sirvió para darle los primeros trazos de luz a una jornada
llena de hermosura, devoción y entrega.
El éxito de la celebración desbordó las calles de público.
La riada humana también se dejó notar desde el Patio de los Naranjos hasta las
entrañas del templo mayor. Allí, el retraso acumulado por los pasos durante su
tramo común también se dejó sentir en el proceso de llegada de las imágenes y
sus portadores.
Tras la llegada de la Reina de los Mártires, la Santa
Iglesia Catedral fue una riada de pasos procesionales abriéndose camino por los
históricos arcos bicolores. Y eso que hubo que esperar un pequeño parón hasta
la llegada de la Oración en el Huerto, segundo paso, debido al retraso que
registró la procesión por la acumulación de público en la Cruz del Rastro.
Pero todo se da por bueno. Sobre todo, porque la historia de
la ciudad, desde anoche, tiene una nueva e importantísima página escrita con
retazos de fe. La Catedral se convirtió en un museo de devoción. Tantas y tan
bellas imágenes unidas. Será difícil repetir algo igual. Fue insólito.
Inigualable. Posiblemente, inmejorable, con estampas únicas y grandiosas.
La nave principal fue una riada de pasos para representar la
Pasión de Cristo. Un desfile fantástico. Una parada inmejorable. Incluso la
Capilla de Villaviciosa recogió con más cercanía la unidad de 18 pasos que ayer
se unieron para ser sólo uno: la alegría de celebrar un día inolvidable.
Obispo
El acto más puramente religioso de Adoración al Santísima
Sacramento comenzó también con retraso, sobre la medianoche. Pero fue tan
emotivo o más que la jornada del Via Crucis Magno de la Fe.
El Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, destacó que «la fe
ha movido montañas, tal y como hoy ha movido a la ciudad de Córdoba» para
seguir a sus imágenes en un día histórico. Monseñor Fernández volvió a cargar
contra la corrupción. «El Via Crucis sigue vivo en quienes no tienen trabajo y
en quienes tienen que dejar su casa por no poder pagar la hipoteca», dijo, ya
que «es un sufrimiento que viene de la avaricia y la corrupción» que se ha
instaurado en nuestra sociedad.
El obispo, muy emocionado, sintió que «la Catedral nunca ha
estado tan bonita como esta noche, llena de cofrades con una fe viva», un gesto
que entusiasmó a los fieles. Ahí dio paso a la bendición y al regreso de las
imágenes a los templos para completar una noche única. Como ver al Caído, Rescatado,
Redención o Humildad y Paciencia por vez primera en la Catedral.